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La maquina de coser y su historia

LA MAQUINA DE COSER Y SU HISTORIA [IMG]http://i39.************/2dtn9eu.jpg[/IMG] Las prendas de vestir no serían nada sin el coser, una actividad que, por lo menos entre nuestras abuelas, es sinónimo de espabilamiento. ¿O no nos dicen eso de “ese no sabe ni coserse un botón”? ELIAS HOWE Con todo lo esencial que es, el coser no fue preocupación tecnológica hasta mediados del siglo XIX, cuando un humilde mecánico de Massachusetts, Elias Howe, con 21 años diseñó la primera máquina de coser operativa en la pobre buhardilla donde vivía (no fue el inventor realmente, pues otros se le habían adelantado, como Walter
13/04/09 10:09 hs
@ Djpapo
1 La maquina de coser y su historia
LA MAQUINA DE COSER Y SU HISTORIA


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Las prendas de vestir no serían nada sin el coser, una actividad que, por lo menos entre nuestras abuelas, es sinónimo de espabilamiento. ¿O no nos dicen eso de “ese no sabe ni coserse un botón”?


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ELIAS HOWE


Con todo lo esencial que es, el coser no fue preocupación tecnológica hasta mediados del siglo XIX, cuando un humilde mecánico de Massachusetts, Elias Howe, con 21 años diseñó la primera máquina de coser operativa en la pobre buhardilla donde vivía (no fue el inventor realmente, pues otros se le habían adelantado, como Walter Hunt). Como no tenía dinero, se fue a vivir con un antiguo condiscípulo suyo, un tal Fisher, que le prestó los 500 dólares que necesitaba para construir la máquina. Y en 1845 la terminó. Howe afirmó que podía coser 5 tiras de tela antes de que los más expertos sastres de Boston cosieran una. Evidentemente, Howe ganó.

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¡Una máquina de coser! Exclamaron muchos ¡Eso quitará el pan y los puestos de trabajo a muchos obreros! ¡Hay que romper la máquina! Howe tuvo que retirarse tras su victoria con el rabo entre las piernas.

En 1846 compró un pasaje para Inglaterra, y fue en Londres donde le expidieron la patente de su invención. Para regresar a Estados Unidos tuvo que empeñar su prototipo de máquina de coser para poder pagarse el billete. Aún le quedaba unos pocos años más de pobreza y lucha por su máquina. Pero como suele suceder en casi todas las películas Hollywood, al final recuperó su máquina, construyó muchas y se hizo millonario. Sin embargo, el que la mejoró y quien la convertiría en uno de los artilugios más populares fue Isaac Merrit Singer. Sí señor, el de las máquinas de coser Singer.

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Antes de que se convirtiera en el millonario constructor de las máquinas de coser que llevan su nombre, Singer era un pobre pero honrado mecánico de un taller de Boston, la misma ciudad donde Howe había inventado su máquina. Justo encima del sencillo apartamento donde vivía residía un hombre llamado Phelps, que se dedicaba construir máquinas de coser. Singer se interesó en ellas porque vio que allí había mucho dinero y comenzó a trabajar en un modo de mejorar las que ya había en el mercado. Se asoció con dos amigos, que le prestaron 40 dólares para que pudiera llevar su trabajo a buen puerto. Cuando por fin terminó su máquina, llegó la hora de ensayo… ¡y no funcionó! Sus amigos le dejaron y él se quedó dándole vueltas a qué es lo que podía haber fallado. No se le ocurrió qué podía haber pasado y mohíno y avergonzado, regresó a su casa. Cuando iba por la calle, de repente, se le ocurrió. Volvió corriendo al taller, ajustó temblorosamente el tornillo de tensión, y la máquina funcionó.

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Claro que una cosa es tener un invento que funcione y otra muy distinta es hacerse millonario con él. Quien le proporcionó a Singer el dinero fue su socio Edwin Clark, que introdujo técnicas de ventas que no han abandonado el mundo de los negocios desde entonces. Clark pensó que sería una buena idea lanzar la revista Singer Gazette, que se distribuiría gratuitamente a los compradores de la máquina, donde se publicarían nuevos usos y productos de sus máquinas de coser.

De igual forma, fue Clark quien inventó lo del pago a plazos: las Singer se vendían dando una entrada de 5 dólares y después unos cómodos plazos mensuales con intereses. También fue Clark quien inventó lo de recoger las máquinas de coser viejas y dar un descuento por ello al comprar una Singer. Por si no fuera poco, se ganó las bendiciones de las iglesias americanas ofreciendo Singers a bajo precio para sus grupos y convenció a los maridoas que las máquinas de coser darían más tiempo libre a sus mujeres.

Con estas técnicas de ventas en 1861 Singer vendía más máquinas de coser que ningún otro y seis años después Singer Corporation se convertía en la primera empresa multinacional



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