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ENTREVISTA A CHARLY GARCÍA Música para escuchar bajo el agua Charly no estaba al tanto de la salida de este ...


Bilardo escribió 09/03/08 15:33 hs
1 Charly Garcia - Música para escuchar bajo el agua
ENTREVISTA A CHARLY GARCÍA
Música para escuchar bajo el agua


Charly no estaba al tanto de la salida de este diario y parece muy interesado en el tema. Lo primero que pregunta, por teléfono, es si se trata de un medio de orientación “peronista, radical o lanatero”. Pregunta eso, Charly, y suelta una carcajada y dice: “¿Siempre me entero último de todo, yo?”. Y acepta para el día siguiente un encuentro en su casa.

A propósito del punto de encuentro, es imposible dejar de lado el lugar común de describir su hábitat, tantas veces contado, pero sucesivas visitas permiten distinguir pequeñas variaciones entre tanto graffiti, desorden y hojas pegadas con cinta a la pared de su habitación. En esta oportunidad, llama la atención que sobre la cabecera de su cama haya puesto un recorte de un diario del día, con la publicidad de un suplemento dedicado a Olmedo. Alrededor de él, los equipos de audio están desprovistos de sus tapas y al lado de sus largas piernas es posible ver los mecanismos internos, cables y bobinas. También hay decenas de compacts sobre el colchón, la mayoría con títulos escritos en marcador negro, muchos con la frase Kill Gil. Y en la puerta del cuarto tiene dos hojas con una suerte de autorretrato, el encabezado Tribute Yourself y una enumeración de canciones de toda su carrera que cuentan con la participación de músicos invitados (Milton Nascimento, Gustavo Cerati, Patricio Bisso, Alfredo Alcón, los Illya Kuryaki, Luis Alberto Spinetta, Jorge Luz y Fabiana Cantilo).

El tributo a sí mismo es una vieja idea de Charly García, aunque en un momento iban a estar conformado por grabaciones nuevas junto a stars talla de Keith Richards. También surgió la posibilidad de compilar un álbum triple, como la reciente caja de Bob Dylan, pero no hubo mayores avances. Lo que más le interesa actualmente es buscar una manera de dar rienda suelta a sus ideas creativas, y no dejar en el olvido un disco que aún atesora, el inédito Kill Gil, grabado a fines de 2006 con producción de Andrew Oldham. Pero a ese lanzamiento siempre le faltan cinco p’al peso, e incluso circula hace muchos meses una versión por internet (las “Kill Gil” + Rapidshare tecleadas en Google llevan directo a una versión inacabada del CD).

“No es un disco para dejar en un cajón –dice–, aunque parece que tiene el mismo destino de Smile de los Beach Boys, que tardó años en salir.” Agarra un compact, lo muestra y dice: “¿Ves este chiquito? ¡Es el máster! Por eso sigo trabajando en el concepto, porque con el tiempo surgen ideas para alterarlo. Lo escuchás, por ejemplo, y le ponés algo nuevo arriba. No quiero cortar lo que sale en forma natural y te emociona al instante. Otro motivo para cambiar Kill Gil es que salió sin que yo lo quisiera. Al final es como aquel chiste: ¿qué es lo peor que le podés decir a un pintor? ¡Preguntarle si el cuadro está terminado!”.

De pronto hace un alto en la charla, agarra un libro que tiene sobre la cama, saca unas hojas y lee unas frases que escribió para decirle por teléfono a Oldham, de quien espera un llamado en las próximas horas. “Yo sé que no estoy haciendo música, esto es otra cosa. Siempre quise hacer películas o libros, pero tengo una memoria propia, fui a la escuela y estudié, escuchando, viendo, tocando o estando abajo del agua. Mi obra maestra, o la nuestra, será un disco que va a sonar perfecto en una pileta, pero abajo del agua; en la superficie suena como una mierda. Mi teoría es trasladar a un sintetizador algo así como el ADN del agua, y hallar las propiedades de la música underwater, que va lenta, viaja más lejos y es limpia.”

–Esperá. ¿Eso quiere decir que querés cambiar Kill Gil para que se escuche abajo del agua?

–No. Eso no se puede hacer. Quiero usar un sintetizador para encontrar la relación entre el sonido arriba y abajo del agua, descubrir qué hay que tocar para que sólo suene bien abajo. Música que acá arriba sonaría horrible, pero que debajo del agua no. No sé cómo va a ser esa música, pero me parece una idea buenísima. Todavía no me decido entre poner una voz adelante y un instrumento para unificar todo, o que no se sepa que es un tipo que toca el piano, como hacía Brian Eno. Kill Gil tiene su serie de temas y lo único que estoy viendo ahora es la introducción, que está muy buena y la hice toda con partes de películas. Pero me quedó la voz del locutor de esa “Radio Badía” que inventé, y hoy me gustaría que eso lo diga Nacha Guevara, que tiene una voz muy finita, muy graciosa.

–Entonces ya tenés dos discos para sacar: Kill Gil y el que se escucha bajo el agua.

–En este momento son tres o cuatro, en realidad. Porque encontré el Black álbum, algo que hice hace mucho y no quise sacar porque estaba todo en inglés. Pero lo escuché nuevamente y me parece que eso ya pasó. ¡Si la gente aprende cómo manejar un cellular phone, puede aprender inglés! No es difícil. Además, las letras no son complicadas. Pero eso es lo máximo a lo que llegó del globalismo.

–¿Y el cuarto disco?

–Es un grandes éxitos. No sé si para influenciarme o como muestra, pero la gente de la discográfica me dio un par de discos de Dylan, y estoy entre hacer el de Dylan para las generaciones posteriores, o hacer un disco bailable... Estoy con todas esas cosas y viendo qué voy a hacer con mis shows.

–Hablando de shows, más allá del final accidentado, ¿la pasaste bien en La Trastienda, tocando todos los días en un lugar chico?

–La pasé bien porque era lo que quería hacer, la banda estaba sonando bien y todo estaba bien hasta que pasó eso, que no se sabe por qué Dios se descuidó y apareció un Satanás que descargó su idiotez en todos los que estábamos ahí.

–En un momento dijiste que querías incorporar ese episodio a la historia que cuenta Kill Gil.

–Sí, pero tampoco todo tiene que entrar en la película. Si ves Kill Bill, es la historia de una venganza, donde en la primera parte la chica aparentemente es buena, pero ya con la segunda ves que las cosas no son como parecen. Entonces yo pensaba en tomar como punto de partida, por ejemplo, cuando le di la cachetada a un paparazzi en Uruguay. Y el disco tendría que terminar en la piña. Ese sistema de trabajo lo usaba mucho con los militares, cuando incorporaba cosas, las metía en una canción que hablaba de otra cosa, y la gente se daba cuenta. Si estuve metido en ese baile y salí airoso, entonces no veo por qué no tendría que salir airoso de lo que pasa ahora, que es una pelotudez. Porque muchas veces parece que no hago nada, pero estoy haciendo muchas cosas. Y otras veces siento que se me está haciendo muy complicado todo, desde comunicarme con mis colegas hasta sacar el disco. Siento que me quieren dar el Oscar de por vida y chau.

–Si aparece alguien en quien vos confiás y respetás, ¿qué le pedirías que te arregle: la cuenta embargada de SADAIC, el contrato discográfico, una gira o qué?

–¡Es que nadie puede hacer eso! ¿Una niñera? No existe una persona así. Por eso estoy como Truman Capote, queriendo hacer algo totalmente nuevo, como el primer disco para escuchar abajo del agua. Y con respecto a mis cosas... creo que podría dejar que las arregle el país.

–¡Pero el país es mucha gente!

–Bueno, que alguien se haga cargo y arregle lo de la impositiva y todo eso. Que se den cuenta de lo que me pasa. ¡O que me den un par de palos verdes y una casa, como hacen con los próceres! Dénme lo que van a gastar en la estatua del sucesor, ahora y en cash. Los problemas no son porque soy un delincuente: la gente tiene problemas, los abogados tienen problemas y todos son unos chorros. Lo difícil es lidiar con eso. Yo me siento un aristócrata del mérito, así que no estoy para arreglar esas cosas. Ya me adapté a casi todo, incluso al caos. Es un poco difícil, pero de alguna manera siempre estuve cerca del caos, así que lo tengo bastante dominado.

–¿Y si pedís que te paguen por la versión del Himno que pasan por la radio todas las noches?

–Te voy a decir algo: la música no está hecha para vivir de ella.

–A Bob Dylan le ofrecieron un millón de dólares para tocar gratis en San Pablo. ¿No querés eso?

–¡Yo ya lo pedí un millón de dólares y me los dio Méndez! El problema es que tenía su cara en el medio de cada billete (risas). ¡Me los mandó en una valija!

–Algunos que no sean truchos te dejarían vivir más tranquilo...

–Escuchame: yo te estoy hablando de hacer un disco abajo del agua, ¿vos pensás que lo que quiero es vivir tranquilo?

El Kill Gil de nunca acabar

En abril del año pasado, en una fiesta posentrega de los Premios Gardel que organizó la compañía discográfica EMI para celebrar los trofeos de sus artistas, una placa roja quedó tirada en el piso. Decía: “Muy pronto, Charly García”. Estaba listo para ser colgado, para anunciarles a todos los invitados que estaban por editar el famoso álbum Kill Gil, ése con el que Charly venía haciendo tanta alharaca.

Hoy, once meses después, el cartel sigue acumulando polvo. Las razones de semejante despropósito se acercan bastante a una comedia de enredos. En el despacho del presidente de EMI Argentina, por ejemplo, hace más de un año que descansa un CD similar al que graban y copian infinidad de piratas. Lleva escrito con marcador indeleble: “Kill Gil”. Es lo único que les hizo llegar Charly García, y todos los ejecutivos de la compañía dicen que es imposible realizar una edición oficial sin los datos técnicos, títulos de canciones y lista de músicos que tocan, por no hablar de la falta de información acerca de posibles deudas con el productor o con estudios de grabación. “¡Tenemos que completar todos los papeles legales!”, brama un gerente. Y agrega: “No tenemos ni un documento que nos permita avanzar, y lo que más queremos es sacar ese disco. ¿Qué sello no quisiera sacar un álbum suyo?”.

Charly asegura que ese detalle es una tontería. Que él tocó todos los instrumentos y no consignarlo es parte del concepto. “¡Mirá qué pelotudez lo que dicen! Creo que les da bronca que haga todo yo. Encima, cuando los llamo, siempre me dicen que los ejecutivos están en Chile. ¿Qué es? ¿Una empresa chilena?”

A estas desinteligencias se sumaron celos y egos. Porque EMI es la misma empresa que empapeló la ciudad para anunciar hace dos años el lanzamiento de Migue García, y Charly, lejos del orgullo natural de padre, parece haber sentido una mezcla de envidia y bronca por la aparición de un nuevo García en el horizonte. Todo derivó en las peleas mediáticas, con botellas rotas y cuchillos incluidos, más la acusación de Pipo Cipolatti de que Migue había colgado Kill Gil en internet a modo de vendetta de entrecasa.

A nivel contractual, García le debe un disco a EMI, y asegura que les va a dar un álbum antes de irse. Pero no sabe si será Kill Gil o no. “Tengo varios discos encajonados y supongo que uno va a ser para eso”, promete.

Fuente:Crítica de Argentina | Edición Impresa
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