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La desesperacion, mala consejera

La desesperacion, mala consejera ¿Se acuerdan de aquel comercial de un famoso refresco en el que todas las chicas le huían a esos pobres desesperados urgidos por estar con alguna mujer? Pues lo mismo aplica para nosotras; yo no sé si sea cosa de feromonas o se nota en la mirada, en las manos o sabe Dios qué, pero la desesperación es la receta perfecta para que ni las moscas se nos acerquen. Me contaba mi mejor amiga que una de sus compañeras del yoga se pone verde, roja y morada cada que alguien habla de sus novios, le hierve
16/02/11 07:34 hs
1 La desesperacion, mala consejera
La desesperacion, mala consejera

¿Se acuerdan de aquel comercial de un famoso refresco en el que todas las chicas le huían a esos pobres desesperados urgidos por estar con alguna mujer?

Pues lo mismo aplica para nosotras; yo no sé si sea cosa de feromonas o se nota en la mirada, en las manos o sabe Dios qué, pero la desesperación es la receta perfecta para que ni las moscas se nos acerquen.

Me contaba mi mejor amiga que una de sus compañeras del yoga se pone verde, roja y morada cada que alguien habla de sus novios, le hierve la bilis si alguna baja de peso o si está saliendo con alguien “sólo por diversión”. Ella, la chica multicolor, tiene 32 años, una fantástica edad para las mujeres, pero ella está criada a la antigüita, así que siente que ya “se le está yendo el tren” y le urge casarse, así que su mejor solución fue ponerse a coquetearle a casi cualquier hombre que conoce.

Por supuesto, no ha conseguido ni al más “peorcito” de todos ellos. Eso de “estoy de oferta, estoy regalada, estoy desesperada” es, quizás, el mejor de los anti-afrodisiacos.

Un buen ejemplo es simplemente ver cuando vamos de compras; todo mundo le hace el “fuchi” a ese estante de ropa casi empolvado que tiene el 80 por ciento de descuento, si acaso te acercas a mirar y encuentres algo lindo, aunque no le veas ningún defecto, manchita o cosa rara, seguro piensas “¿qué tendrá tan malo que lo ponen tan barato?”… y ese triste montoncito de ropa sigue sin llegar a la caja.

Y lo mismo pasa con las personas, y aunque la mujer en cuestión pudiera sea guapa, inteligente y agradable termina en un círculo de rechazo tras rechazo que la hace aún más desesperada, más insistente con los hombres, siendo muy efusiva demasiado pronto, hablando de planes a futuro en la primera salida –si es que la consigue- y sin exigir casi nada para sí más que ser “querida”, y es esa falta de autoestima la que la deja otra vez sola.

Tal vez la solución es como en la Ley de Murphy, sencillamente dejar de mostrarse “hambrienta” de amor y enfocarse en una misma para sentirte plena sin necesidad de tener alguien más al lado… quizás las abuelitas tienen razón cuando dicen que “la persona correcta aparece cuando dejas de buscar o cuando menos te lo esperas.”
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